Hamburg desde el barco. desanimado

Poner PAUSA. Un gran recurso cuando el día a día nos tapa lo importante.

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En la vorágine de responsabilidades y preocupaciones diarias nos perdemos del contexto. Tomar distancia para ver nuestra vida en perspectiva puede ser muy revelador.

Son las cuatro de la tarde de un lunes nublado y ventoso. El sol amenaza con salir en cualquier momento, pero apenas consigue colarse por algún resquicio de tanto en tanto. Es julio y en el hemisferio norte el verano llegó hace algunos días. Sin embargo, en la septentrional ciudad de Hamburgo a orillas del Elba el verano parece tomarse su tiempo, como receloso de acercarse al Mar del Norte.

Helado. desanimadoNo obstante, ¿quién puede resistirse a los encantos de un helado en cucurucho al mejor estilo italiano? En especial después de un día de caminata recorriendo esta hermosa ciudad portuaria en uno de los freetours que se ofrecen a los pies del Rathaus. Así que aquí estoy, disfrutando de mi helado sentado en un banco sobre una de las calles más céntricas. Frente a mí la Iglesia de Sankt Petri, una de las estructuras más antiguas de la ciudad, y a mis espaldas el centro comercial Europa Passage, una de las más modernas. Después de todo, esto es Europa.

Sentada a mi lado Ceci disfruta de sus gustos preferidos: menta granizada y chocolate. Casualmente dos de los pocos gustos que yo jamás elegiría. Después de todo, esto es un matrimonio.

Juntos contemplamos los autos pasar y la gran cantidad de gente que va y viene en un dinamismo constante. Casi tan rápido como las nubes que cruzan el cielo y contrastan con los edificios. Y es entonces que en ese flujo constante, de repente pongo pausa. No una pausa física de quedarme tieso, porque el helado se me derretiría en la mano y sería desagradable, sino una pausa mental.  Un momento en el que pienso: “¿cómo llegué hasta acá?”

Y es que hasta hace diez años todavía estaba en la secundaria en una pequeña ciudad allá en la provincia de Misiones, Argentina, a más de 13.000 km de donde estoy sentado hoy. En aquel entonces mis preocupaciones pasaban por aprobar el próximo examen de Historia, conseguir una novia o qué hacer el fin de semana. Mi vida se centraba en tan sólo 20 km a la redonda.

 

Mi vida se centraba en tan sólo 20 km a la redonda.

Pasaron un par de años y llegó la facultad. De pronto aprendí que cocinar es una ciencia que puede aprenderse, que la secundaria sólo me había enseñado a sumar y restar y que podía viajar en colectivo yo sólo. Sabía que mi futuro laboral estaría en Buenos Aires, la capital, pero para eso faltaba mucho. Mis preocupaciones seguían pasando por lo mismo pero adaptado a la universidad y mi mundo seguía siendo pequeño. Aún me quedaba mucho por aprender.

Luego cambié de carrera y me mudé a Buenos Aires. Al poco tiempo se mudó también mi familia, mis viajes en colectivo se perfeccionaron, viajando en el transcurso de dos meses a Chile y a Misiones. Me puse de novio y súbitamente mi vida había cambiado por completo. Esto fue hace tan sólo seis años.

Recuerdo que una noche lluviosa en Capital Federal, después de haber ido al cine, le dije a mi novia y actual esposa: “Que increíbles las vueltas de la vida. Jamás me hubiese imaginado que hoy estaría viviendo este momento.” Todo un visionario.

Mi novia empezó a trabajar en una aerolínea, llegaron los vuelos en avión y el aeropuerto dejó de ser un edificio con una puerta misteriosa. Descubrimos que podíamos planificar y tener proyectos. Eventualmente la facultad terminó, empecé a trabajar, casamiento, departamento prestado y auto. Todo según los estándares normales. Hasta hace sólo seis meses.

Hace diez años mi vida estaba en una ciudad de 40.000 habitantes. Hace siete años no pensaba salir de mi país. Hace cinco alguien casado era una persona mayor. Hace un año toda mi vida estaba correctamente organizada. Y hace quince minutos no tenía un helado en mi mano.

Hoy estamos en Hamburgo porque nos encanta viajar y conocer. Por esto y otras razones del momento decidimos dejar todo y venir a vivir a Alemania, buscar trabajo y recorrer. ¿Quién se lo hubiese imaginado? Claramente yo no. Siquiera puedo saber lo que va a pasar la semana que viene.

Es que nunca podemos saber lo que nos traerá la vida. Tan cambiante es. Ciertamente suena muy trillado y de película de Hollywood, pero es realmente increíble. Si pudieras tomarte unos minutos para repasar lo que has vivido, tratando de recordar lo que pensabas y sentías en ese momento, como dando un paso atrás para contemplar el cuadro completo, podrás descubrir cosas maravillosas.

Es que nunca podemos saber lo que nos traerá la vida. Tan cambiante es.

Incluso podrás ver los hechos que se fueron sucediendo para que pudieras alcanzar un objetivo. Descubrirás que ciertas cosas que te pasaron, que en su momento te hicieron poner triste o de mal humor, luego derivaron en algo mucho mejor. Me ha pasado de sufrir por no alcanzar lo que deseaba y años más tarde pensar: “¡Menos mal que no se me dio!”

Y si nuestras vidas cambiaron tanto en el pasado, tanto más pueden hacerlo en el futuro. Dependerá de lo que nosotros decidamos y estemos dispuestos a hacer.

Ahora, sin embargo, ya es momento de volver a casa. Internamente le agradezco a Dios por haberme cuidado en todo el camino y le pido que lo siga haciendo. Y tomando a mi esposa de la mano nos vamos caminando por la concurrida avenida Mönckebergstrasse hacia la estación central de trenes.

Mañana será otro día, y el camino continúa.

Juntos a la par. desanimado

Pablo

 

2 Responses

  1. Shaki

    me encanta leerlos!!! Pero este post fue mas especial, y era justo lo que necesitaba para arrancar el dia ;-)

    • elmundodeados

      Hola Shaki!! Gracias!! Si fue un post distinto a lo habitual del blog, pero me pareció que era algo que valía la pena contar. Me alegra mucho que te haya gustado :-)

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